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Joaquín López de la Ossa: Artista plástico, El pintor Costumbrista, El hijo de la ciénaga y la sabana Nos muestra su Universo de Realismo mágico de diseño, luz y color.

Colombia ha contado siempre con talentosos creadores que con su esfuerzo han dado lustre al extenso universo de las artes plásticas; a ellos se suma hoy un hijo de las ciénagas: Joaquín López de la Ossa..

Su colorido trabajo, al mismo tiempo que recoge la cegadora luz de la costa atlántica, se nutre del umbrío y húmedo paraje de los tremedales que lo vieron nacer y que cobijaron los primeros años de su vida..

El jueves 6 de mayo de 1971, su madre con 7 meses de embarazo, salió de Unión Tiquisio para cumplir con el chequeo médico de control en Magangue segunda capital del departamento de Bolívar. El viaje, lento y pesado, debía hacerlo remontando el Magdalena en un pequeño bote..

En Magangue el médico aseguró que todo iba bien; la amorosa y confiada mujer decidió pasar la noche allí. Al alba retomó animada el camino fluvial, pero la dura y larga travesía con un sol que pegaba de canto, la afectó de tal manera que al llegar por la tarde a la Unión experimentó los primeros dolores de parto; dolores que se incrementaron en la madrugada, obligando a la abuela Manuela Rodríguez a salir en búsqueda de la partera del pueblo..

A las seis de la mañana del sábado 8 de mayo de 1971, el sietemesino veía por primera vez la luz del trópico. Era tan pequeño como la mano de una persona adulta; el padre, sombrío, pensó que en aquel apartado lugar sin una incubadora que lo protegiera y carente de la medicación necesaria para hacer crecer los pulmones, su hijo no sobreviviría; pero la abuela que con paciencia le alimentaba impregnando leche en algodón y cobijándolo en sus grandes pechos a manera de incubadora natural, le abrió con terquedad amorosa el paso a la vida..

Esa primera experiencia vital anunció un camino lleno de dificultades que Joaquín ha sabido superar con la tenacidad propia de la raza Caribe..

Sus correrías infantiles tuvieron lugar entre Unión Tiquisio y La Rufina, dos islas de agua dulce en el cono sur de Bolívar, y el pueblo de San Luis en la Sabana de Sucre. Desde pequeño se caracterizó por ser un buen dibujante y desde siempre ha sido un fiel amante de la cultura y las tradiciones de la costa, esa ardiente franja de tierra que nace en la península de la Goajira y va a morir en los límites de Antioquía albergando una rica mezcla de saberes populares..

Joaquín creció en aquel fantástico mundo de juglares y palenqueras, alimentando su alma con el sonido mestizo del paseo y la puya o regocijándose con el porro, la cumbia y el mapalé de las sabanas sucrenses. Sus achinados ojos negros absorben la sustancia que late en una piquería, en el bullicioso colorido de las corralejas o en cualquier otra de las tantas manifestaciones culturales de la región, para luego pintarlas con profunda emotividad, no exenta de precisión académica..

Recuerda su época de San Luis como una de las más fructíferas en el campo de la pintura. Confiesa que su estadía en aquel pueblo le cambió la vida al entrar en contacto con varios pintores populares..

De San Luis pasó a Sincelejo donde ingresó al Instituto Técnico Industrial Antonio Prieto, allí conoció al maestro Ramiro Blanco, personaje que encauzaría su pasión por las artes, alentándolo al aprendizaje formal..

En 1991 se alzó con el premio Alejandro Obregón en la categoría juvenil, al mejor pintor del departamento de Sucre, galardón auspiciado por el Consulado de Francia. En aquella oportunidad presentó la obra «Lo que no pensó descubrir Colón».

También obtuvo el 2do Lugar en el Concurso de Murales del colegio Miguel de Cervantes Saavedra de Sincelejo.

Aquel mismo año ingresó a la Escuela de Bellas Artes y más tarde, aconsejado por Ramiro Blanco, decide viajar a Venezuela con la intención de ampliar los horizontes de su formación.

Venezuela recibió su talento con los brazos abiertos y le dio la oportunidad de participar en varios proyectos enriquecedores.

En 1997 se desempeñó como profesor de dibujo en la Fundación Época, Tiempo, Artistas y Generaciones (ETAG) de Caracas. Allí compartió honores con el también colombiano Julio Díaz, artista que desarrolló una importante carrera en el vecino país.

Fue además directivo de la Fundación de Artistas, con sede en el Museo de Arte Popular de Petare, institución en la que acompañó a reconocidos músicos, escritores, escultores, bailarines, dramaturgos, pintores y cultores locales; como Ismer Mota, Pedro Revette y Norka González, entre otros; desarrollando una fructífera labor de enseñanza y difusión con apoyo de las embajadas del Japón, España, Colombia y Polonia.

Participó en varias exposiciones colectivas, organizadas por la ETAG, la Fundación de Artistas Plásticos y galeristas privados. Su paso por ese país se caracterizó por la búsqueda de un lenguaje propio y el mejoramiento de la técnica. Empeño al que dedicó incontables horas.

De vuelta a Colombia fue invitado a la edición 2011 de «Talentos Ocultos De COMPENSAR», exposición que se lleva a cabo anualmente en los auditorios de la caja de compensación familiar COMPENSAR.

En 2013 se desempeñó como profesor de artes de la academia bogotana «Arte y Hobby», donde de la mano del maestro Didier Peña realizó extensas investigaciones sobre color.

En la actualidad Joaquín López de la Ossa continúa una labor infatigable de investigación y experimentación de texturas, colores y materias con el fin de dar mayor sustantividad a los temas que aborda dentro de su lenguaje como artista.

Igualmente se prepara en compañía de varios artistas que como él, se han radicado en la capital colombiana, al abordaje de nuevos proyectos que de seguro darán de qué hablar en los próximos años.

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